Para sus creaciones utiliza un papel que es negro por una cara y blanco por la otra. La parte obscura es el frente de la obra. Sin embargo Zamarripa corta sobre la superficie blanca, como si estuviera haciendo un dibujo frente a un espejo.
A la técnica empleada por el maestro Zamarripa para la realización de sus obras, se le ha denominado Papiropoda, término acuñado por otro destacado aguascalentense de nombre Juan José de Alba Martín cuyo ejercicio profesional es la especialidad médica en traumatología.
«Es sólo en el Vacío donde se halla lo que es verdaderamente esencial. Es el Vacío que hay entre los rayos de una rueda lo que hace que la rueda pueda utilizarse.
Hace alguna diferencia que Víctor Zamarripa haya nacido en Aguascalientes o en Tuxtla Gutiérrez, ¿Quizás no?, Quizás entonces no hubiera sido nuestro amigo y en vez de motivarse con el aire de la tauromaquia y los ruidos de la Maestranza habría abrevado los de la selva y los de los rápidos del Sumidero. Quizás en vez del claroscuro que va más en el ser y quehacer del habitante de la altiplanicie, habría encontrado en la motivación multicolor del trópico, tonos y humedades que no responden a la trasparencia del aire ni a la aridez de las planicies del semi-desierto que sin embargo, los de acá, añoramos en las exuberancias del sureste mexicano.
Hace unas semanas tuvimos una experiencia extraordinaria, que al menos yo recordaré por siempre. En una sesión de meditación con un amigo chamán, que fue discípulo de un yaquiman (?), nada que ver con don Juan Matus. Durante poco más de cuatro horas barrimos con un evento pretérito, previa instrucción y ejercicios de respiración, nos sumergimos en una vivencia que a diferencia de la creación artística tenía la finalidad, no de revivir sino de rematar el pasado. La sencillez de la aproximación y la comprensión de la naturaleza humana nos hizo preguntarle: -¿Dónde has leído todo esto?- su contestación fue lapidaria, -Tengo años de no leer. Yo no leo, observo-. A la manera del chaman, podemos decir de Víctor Zamarripa, que él observa la vida, que su forma de vivirla es verla para reproducirla. ¿Cómo si no?, se explica la minucia del detalle que permite decir a un charro: efectivamente así es como el caballo mueve las orejas al arcionar en el coleadero, o al aficionado taurino: así amuzga el toro cuando va a embestir, o al biólogo: así es la nervadura del envés de la hoja de ese árbol.Derechos Reservados © 2014 Víctor Zamarripa
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